Y entonces, el día llegó, era claro y estaba teñido de tonos púrpura, amarillo y azul, todo coronado de unas nubes, casi algodón.
El concierto de pájaros era intenso y bello y el alma se sentía renovada y despierta, después de una noche de tormenta, con relámpagos y rayos, sobrecogedores y horrendos.
La mañana pues desterró a la tormenta, cómo pasa casi siempre, pero esta vez yo estuve ahí, para verlo todo, para dejar pasar el mal recuerdo de la fría y lluviosa noche.
Y pensé para mi,”que parecido es esto a la vida,”porque siempre se dice que “después de la tormenta llega la calma”, pero hoy lo miro con unos ojos muy diferentes , hoy cómo que entiendo mejor el significado de una frase tan cliché, hoy siento que esa similitud entre la tormenta y la calma siguiente, guarda sabiduría popular, experiencia de viejos y entonces agarro la mañana nueva entre mis manos y despacio la llevo al lugar en donde guardo mis cosas más preciadas y la escondo allí, tapada con un montón de sueños, viejitos y nuevos, con anhelos olorosos a jazmines, con esperanzas, que echo al viento cada día y que están siempre encima de las cintas de los encajes y de las perfumadas cartas de amor, de un pasado que ya no hace daño.
Y guardados allí, mis anhelos, mis sueños y mis mañanas nuevas, es cómo si todos los tesoros del mundo se juntaran en mi armario, custodiados por el duende codicioso que tengo encargado de cuidarlos.
Tartacha.


Las palabras se niegan a salir, mi boca calla; dentro de mi hay revuelo de pájaros, que hoy no quieren volar, solo anidan y barullan.
Ahora cuando todo calla, cuando todo transcurre, cuando todo discurre.


