Pintados en las avenidas de mi ciudad, como salidos de la paleta prodigiosa del mejor pintor, así se ven ahora por todos lados los hermosos cámbulos que llenan el alma y las avenidas, los cerros y las laderas del río con su explosión naranja intensa, vivificante , gloriosa llena de una magia indescriptible, de una belleza casi perfecta.
Amo estos árboles que cada año inundan de color una ciudad que revive cuando ellos florecen ,que se ilumina toda de su luz esplendorosa, que se empequeñece ante su majestuosa elegancia.
Amo los árboles, me hechizan, me energizan, me conmueven, amo estos cámbulos, gigantes nobles y risueños que invitan a la vida de colores, a conmoverte con el solo echo de poder mirarlos, a creer en el milagro diario de una naturaleza que casi no apreciamos, por vivir andando de prisa, atareados de cosas agobiantes y pesadas, que nublan la mirada, cuando hay tanto para ver.
Amo a estos bellos seres de color hermoso que me recuerdan cada instante una niñez lejana en la que mi vida tenía más color que ahora, en la que se conjugaban la fantasía y la realidad de mejores tiempos que mirándolos son como si estuviera tan pequeña como entonces.
Amo los cámbulos que florecen por toda mi ciudad.
Tartacha alucinada de color.

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Las palabras se niegan a salir, mi boca calla; dentro de mi hay revuelo de pájaros, que hoy no quieren volar, solo anidan y barullan.
Ahora cuando todo calla, cuando todo transcurre, cuando todo discurre.
mables y se toman un poco de su tiempo para leerme.


