Tumbada al sol, como cuando era niña
y me dormía en el jardín de aquella vieja casona.
Mis recuerdos me llevan de aquí para allá,
en el aroma de las flores, que siempre miraba,
con ojos maravillados, de niña de siete años,
y alma de gorrión inquieto.
Era un mundo muy distinto, me dormía
y soñaba, con los ojos de un muchacho, que me miraba
dulcemente y cuando despertaba, como aturdida de sol,
me parecía, que ya lo conocía.
Lo conocí, cuando cumplí los dieciseis años,
era seminarista y supe cuando lo ví, que era el mismo de mi sueño,
me miró
intensa y dulcemente, como entonces, cuando me quedaba dormida al amparo de las flores,
del jardín de la vieja casona.