Y yo ahí parada mirandolos
como caían uno a uno
con el alma encogida, con el gran nudo

hecho en mi estómago.
Caían lentos y pesados,
con la misma magestuosidad, elegancia

y altivez,
con que cobijaron,por años sus grandes ramas
la casa de mi madre donde hoy vivo.

Hoy los he visto como morían de la mano asesina del progreso,
de la maldita motocierra, manejada por obreros,
que celebraban con gritos alborozados su caída.
Me dolió, me dolió, me duele mucho,

ya no estarán y en su lugar habrá
unas enormes moles de
cemento y ladrillo,
donde vivirá una gente.
Los pájaros huyeron a buscar cobijo
en los árboles que aún quedan,

detrás de la ventana de mi cuarto,
condenados tambíen a corto
plazo,
a terminár su existencia en manos del "progreso",
amo y señor del dolor de todo lo que es verde, tierno y vivo.

Me duele mucho ya no verte,
me duele no escuchar tuvoz,
con
tu susurro ronco y grave,
que siempre me decía, que todo sucede
con la deliciosa lentitúd,con que se mueven los árboles del bosque viejo.