Con los días pasando ya
con una prisa inusitada y
con un afán que no logro comprender,
pues que necesidad hay
de que corran tanto?.
Me levanto a diario
sin un plan
preestablecido,
sin propósito alguno

ya que solo obedezco a mi voluntad de hacer y estar.
Desde luego, que teniendo siempre en cuenta,

que no soy un ser único,
que no estoy sola

y que de mí tal vez dependen
mucha gente y muchas cosas.

así, aunque vayan los días de prisa,
tendré yo que ir

despacio y con mesura,
sopesando cada paso
y midiendo las palabras,

no sea que corriendo, pueda tropezar y caiga
y hablando a la ligera, llegue a herir.

No, no hay plan preestablecido,
no hay propósito a cumplir;

solo tengo la prisa de los días
y una voz interna que me indica

la prudencia y la mesura,
con las que debo actua
r.

Tartacha.

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