Como tantas veces, hoy trato de obligarme a escribir.

Hay días en que no se como hacerlo, o no se exactamente que decir. Las ideas no fluyen y las palabras parece que no ayudaran mucho, cuando trato de crear un texto coherente y ágil, que sugiera detalladamente mis emociones, o simplemente algo que me gustaría dejar volar a través del teclado y que luego, como siempre cuelgo por allí en uno de esos lugares en donde tantas veces comparto con amigos y hasta con desconocidos que son tan amables y se toman un poco de su tiempo para leerme.

Ciertamente hay días en que las palabras están como anquilosadas, perezosas o dispersas en mi mente y tengo que obligarlas  a salir, porque si no lo hago, corro el riesgo de perder el dominio de ellas y quedar como en una oscuridad, en un vacío muy profundos y no poder volver a poner en un texto,(que para mi siempre es más que eso), todo el raudal inmenso de sentimientos, sensaciones y esas cosas de las que me alimento cada día en mi interior y que me ayudan a levantarme todas las mañanas, llena de expectativas, con un montón de pequeños duendes, que me empujan y me instan a renovarme y a darle un toque distinto y mas positivo a mi vida.

Escribir es para mi, como dejar volar pájaros, que nunca quiero atrapar, es como viajar un poco a través de las horas, los minutos de un día, que tiene que tener siempre ese toque distinto y grato, que solo yo misma me puedo regalar, eso que ninguna persona puede hacer, por mi y que no debo ni quiero desperdiciar, por no obligarme, sin violencia, ni apresuramiento a sacar a flote esas palabras, que encajen como piezas de rompecabezas, en cada una de mis emociones, buenas, regulares o malas.

Tartacha.